sábado, 30 de enero de 2016

PROPÓSITO INSTITUCIONAL: Formar el futuro maestro con las teorías de la edad moderna, desde el punto de vista histórico sobre postulados, métodos y prácticas de las acciones pedagógicas.

EDAD MEDIA - HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

El cristianismo con su poder divino se había encargado de transformar el mundo antiguo en mundo nuevo, y pronto hizo sentir su influjo por todas partes y en todas las cosas. La educación y la instrucción recibieron grande impulso, y presentaron nueva faz conforme con el destino presente y futuro del hombre. No faltó quien pretendiese que donde está la fe la ciencia es inútil; pero no hallaron eco semejantes doctrinas, porque contaba la Iglesia con muchos hombres distinguidos que al abandonar el paganismo conservaban la afición a los estudios científicos, y porque los padres de la Iglesia de mas renombre, como san Clemente de Alejandría, san Crisóstemo, san Gregorio Nacianceno, san Agustín, san Gerónimo y otros, defendían con todo su poder los fueros de la ciencia. La escuela de Alejandría y las de los catequistas, de que ya hemos hablado en los artículos respectivos, vienen en apoyo de esta aserción. Más en el primer periodo del cristianismo la educación pagana marchaba al nivel de de los cristianos próximamente.
Las cosas sin embargo no podían permanecer largo tiempo en semejante estado, pues el espíritu del Evangelio penetraba en la sociedad, y a medida que se extendían sus saludables doctrinas, las escuelas y establecimientos paganos debían someterse, por fin, a la cultura cristiana. A pesar de todo, semejantes establecimientos se hubieran sostenido por mas largo tiempo, y la transformación se hubiera verificado de distinto modo, sin la emigración de los pueblos. Desde el siglo IV hasta el VI fueron inundadas por los bárbaros casi todas las provincias romanas. Reinaba la desolación por doquiera; a los males que procedían de fuera se agregaban los que eran efecto de las particiones del imperio, de las guerras contra los usurpadores, de impuestos insoportables y de la manera de recaudarlos. Las necesidades, del presente, la incertidumbre del porvenir, que a todos angustiaba, entorpecían los progresos de las ciencias aun en los intervalos de la paz. La escasez del tesoro público no permitía a los emperadores sostener los establecimientos de educación; los pueblos carecían de los medios necesarios de atender a tales servicios y las escuelas desaparecieron insensiblemente. Sin embargo, los hijos de los cristianos debían instruirse en la religión, y los que aspiraban al estado eclesiástico debían prepararse también para su carrera. Esta necesidad, a que se agregan las pacificas relaciones de los bárbaros con los cristianos después de las primeras contiendas, contribuyó a que los intereses de la civilización estuvieran en manos del clero desde el siglo IX hasta el VI. Este orden de cosas, que fue un bien inmenso, perjudicó sin embargo al progreso de las ciencias, porque todas las escuelas se impregnaron del carácter teológico, los conocimientos humanos se modularon en un todo a la fe de la Iglesia, y se estableció completamente el despotismo intelectual. Todas las ciencias se redujeron al trivium y al quadrivum, de que hablaremos con más extensión en los artículos respectivos; es decir, se redujeron a la gramática, la dialéctica, la retórica, la música, la aritmética, la geometría y la astronomía, que constituyeron la instrucción del occidente por largo tiempo.

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